miércoles, 18 de julio de 2012


MEDITACION 1
"¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?"
(Mt. 16,26)

Recuerde la clase de sentimiento que experimentas cuando alguien te elogia, cuando te ves aprobado, aceptado, aplaudido... Y compáralo con el sentimiento que brota en tu interior cuando contemplas la salida o la puesta del sol, o la naturaleza en general,  o cuando lees un libro o ves una película que te gusta de veras. Trata de revivir este último sentimiento y compáralo con el primero, el producido por el hecho de ser elogiado. Comprende que este primer tipo de sentimiento proviene de tu propia "glorificación" y "promoción" y es un sentimiento mundano, mientras el segundo proviene de tu propia realización y es un sentimiento anímico.

Veamos otro contraste: recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando obtienes algún éxito cuando consigues lo que anhelabas, cuando "llegas arriba", cuando vences en una partida, en una apuesta, en una discusión. Y compáralo con el sentimiento que te invade cuando disfrutas realmente con tu trabajo, cuando de veras te absorbe por entero la tarea que desempeñas. Y observa, una vez más, la diferencia cualitativa que existe entre el sentimiento mundano y el sentimiento anímico.

Y todavía otro contraste más: Recuerda lo que sentías cuando tenías poder, cuando tú eras el jefe y la gente te respetaba y acataba tus órdenes, o cuando eras una persona popular y admirada. Y compara ese sentimiento mundano con el sentimiento de intimidad y compañerismo que has experimentado cuando has disfrutado a tope la compañía de un amigo  o de un grupo de amigos con los que te has reído y divertido de veras.

Una vez hecho lo anterior, trata de comprender la verdadera naturaleza de los sentimientos mundanos, es decir, los sentimientos de autobombo y vanagloria, que no son naturales, sino que han sido inventados por tu sociedad y tu cultura para hacer que seas productivo y poder controlarte. Dichos sentimientos no proporcionan el sustento y la felicidad que se producen cuando contemplas la naturaleza o disfrutas de la compañía de un amigo o de tu propio trabajo, sino que han sido ideados para producir ilusiones, emoción... y vacío.

Trata luego de verte a ti mismo en el transcurso de un día o de una semana y piensa cuantas de las  acciones que has realizado y de las actividades en que te has ocupado han estado libres del deseo de sentir esas emociones e ilusiones que únicamente producen vacío, del deseo de obtener atención y la aprobación de los demás, la fama, la popularidad, el éxito o el poder.

Fíjate en las personas que te rodean. ¿Hay entre ellas alguna que no se interese por esos sentimientos mundanos? ¿Hay una sola que no esté dominada por dichos sentimientos, que no los ansíe, que no emplee consciente o inconscientemente, cada minuto de su vida en buscarlos' Cuando consigas ver esto, comprenderás cómo la gente trata de ganar el mundo y cómo, al hacerlo, pierde su vida. Y es que viven unas vidas vacías, monótonas, sin alma...

Propongo a tu consideración la siguiente parábola de la vida: un autobús cargado de turistas atraviesa una hermosísima región llena de lagos, montañas, ríos y praderas. Pero las cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no tienen la menor idea de lo que hay al otro lado de las ventanillas, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quien hay que aplaudir, quién es el más digno de consideración... Y así siguen hasta el final del viaje.

UN NUEVO MUNDO.... CERCA NUESTRO

Dejenme empezar con una pregunta que probablemente no se han hecho anteriormente debido lo boba que puede parecer la misma ¿Porque oscurece cuando cerramos los ojos, o cuando se apagan las luces una habitación?

La respuesta, aunque no lo crean, no es tan trivial.

Veamos, comencemos proponiendo una cuestion un poco más fundamental, podemos estimar la cantidad de energía electromagnética del número total de fotones que golpean nuestros ojos en cualquier momento. Estos fotones provienen de dos fuentes: la luz visible del mundo exterior que atraviesa nuestra pupila, y la luz infraroja que es emitida, como cuerpo negro, de nuestro globo ocular por si mismo.

Lo interesante es que hay mucha mas energía electromagnética en nuestros ojos, en cualquier momento, proveniente de la radiación infrarroja de nosotros mismos que de la luz visible del exterior, de hecho es 100 mil millones de veces mayor!, es decir que cuando uno cierra los ojos el cambio en la cantidad de energía electromagnética que recibe nuestros ojos es ridiculamente pequeño, lo cual nos lleva a la pregunta, ahora con mas sentido, ¿Porque oscurece cuando cerramos los ojos?

Sólo la mecánica cuántica puede explicar el porqué. Nostros vemos luz cuando fotones de cierta longitud de onda alcanzan las celdas fotoreceptoras de nuestras retinas. La energía de los fotones es convertida en energía químca via un proceso llamado transducción visual que envía una señal electroquímica a la corteza visual. En particular los fotones son absorbidos por un químico llamado retinal.

Aquí es cuando la cuántica juega, las moléculas poseen niveles energéticos, al igual que los electrones en un átomo, es por ello que para lograr excitar al retinal, el fotón debe tener una cierta cantidad de energía, de tal manera que una transición pueda ser causada. Las moléculas de retinal no pueden recibir cualquier cantidad de energía, pues esta se encuentra cuantizada. Es por ello que no importa que la luz infrarroja dentro del globo ocular posea mucho mas energía que la de la luz visible del exterior, la energía viene cuantizada en paquetes (fotones individuales) y si ninguno de ellos tiene la energía suficiente (como en el caso de la luz infrarroja de nosotros mismos) entonces la reacción no se desencadenará, este es un fenomeno análogo al efecto fotoeléctrico en metales.

Así que ahora ya saben porque oscurece cuando cierran los ojos ^^