MEDITACION 1
"¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo
si pierde su vida?"
(Mt. 16,26)
Recuerde la
clase de sentimiento que experimentas cuando alguien te elogia, cuando te ves
aprobado, aceptado, aplaudido... Y compáralo con el sentimiento que brota en tu
interior cuando contemplas la salida o la puesta del sol, o la naturaleza en
general, o cuando lees un libro o ves
una película que te gusta de veras. Trata de revivir este último sentimiento y
compáralo con el primero, el producido por el hecho de ser elogiado. Comprende
que este primer tipo de sentimiento proviene de tu propia
"glorificación" y "promoción" y es un sentimiento mundano,
mientras el segundo proviene de tu propia realización y es un sentimiento
anímico.
Veamos otro
contraste: recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando obtienes
algún éxito cuando consigues lo que anhelabas, cuando "llegas
arriba", cuando vences en una partida, en una apuesta, en una discusión. Y
compáralo con el sentimiento que te invade cuando disfrutas realmente con tu
trabajo, cuando de veras te absorbe por entero la tarea que desempeñas. Y
observa, una vez más, la diferencia cualitativa que existe entre el sentimiento
mundano y el sentimiento anímico.
Y todavía otro
contraste más: Recuerda lo que sentías cuando tenías poder, cuando tú eras el
jefe y la gente te respetaba y acataba tus órdenes, o cuando eras una persona
popular y admirada. Y compara ese sentimiento mundano con el sentimiento de
intimidad y compañerismo que has experimentado cuando has disfrutado a tope la
compañía de un amigo o de un grupo de
amigos con los que te has reído y divertido de veras.
Una vez hecho
lo anterior, trata de comprender la verdadera naturaleza de los sentimientos
mundanos, es decir, los sentimientos de autobombo y vanagloria, que no son
naturales, sino que han sido inventados por tu sociedad y tu cultura para hacer
que seas productivo y poder controlarte. Dichos sentimientos no proporcionan el
sustento y la felicidad que se producen cuando contemplas la naturaleza o
disfrutas de la compañía de un amigo o de tu propio trabajo, sino que han sido
ideados para producir ilusiones, emoción... y vacío.
Trata luego de
verte a ti mismo en el transcurso de un día o de una semana y piensa cuantas de
las acciones que has realizado y de las
actividades en que te has ocupado han estado libres del deseo de sentir esas
emociones e ilusiones que únicamente producen vacío, del deseo de obtener atención
y la aprobación de los demás, la fama, la popularidad, el éxito o el poder.
Fíjate en las
personas que te rodean. ¿Hay entre ellas alguna que no se interese por esos
sentimientos mundanos? ¿Hay una sola que no esté dominada por dichos
sentimientos, que no los ansíe, que no emplee consciente o inconscientemente,
cada minuto de su vida en buscarlos' Cuando consigas ver esto, comprenderás
cómo la gente trata de ganar el mundo y cómo, al hacerlo, pierde su vida. Y es
que viven unas vidas vacías, monótonas, sin alma...
Propongo a tu
consideración la siguiente parábola de la vida: un autobús cargado de turistas
atraviesa una hermosísima región llena de lagos, montañas, ríos y praderas.
Pero las cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no tienen la
menor idea de lo que hay al otro lado de las ventanillas, se pasan el viaje
discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quien hay
que aplaudir, quién es el más digno de consideración... Y así siguen hasta el
final del viaje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario